Han pasado 6 meses pero me siento igual,
con las mismas ganas de poderte abrazar.
Me gustaria despertar y ver que ahi estas,
pero me va a tocar volver a soñar.
Me acuerdo en EF, empezamos a hablar.
Unas cuantas risas me hiciste soltar.
Al recordar, me pongo a llorar.
En ningun momento pense en
llegarte a extrañar.
Verte otra vez quisiera desear.
Estar sin hablar me pone mal.
Al escribir me puedo desahogar
y vuelvo a pensar
"¿Lo leeras?"
No se como seguir sin ti aqui.
Todo es mas dificil,
tengo cicatriz.
Quisiera verte
y poderte decir
"Te quiero a mi lado,
estoy muy triste"
martes, 30 de junio de 2015
Por ti...
Solo tu me pones contenta si estoy molesta.
Me sacas una sonrisa con bastante prisa.
Al poderte hablar noto mi corazon acelerar.
Eres la unica persona por la que quiero respirar.
¿Y lo malo donde esta?
En no poderte abrazar.
No verte al despertar me pone mal.
¡Sal de mis sueños! y vente a mi lado.
¡Te echo de menos! no sabes cuanto.
No importa el lugar si tu ahi estas.
Espero el momento de verte llegar con los brazos abiertos,
saber que no te iras
Me sacas una sonrisa con bastante prisa.
Al poderte hablar noto mi corazon acelerar.
Eres la unica persona por la que quiero respirar.
¿Y lo malo donde esta?
En no poderte abrazar.
No verte al despertar me pone mal.
¡Sal de mis sueños! y vente a mi lado.
¡Te echo de menos! no sabes cuanto.
No importa el lugar si tu ahi estas.
Espero el momento de verte llegar con los brazos abiertos,
saber que no te iras
No puedes decir
Alguien me dijo en el pasado que me olvidara de ti. Que intente borrar todo lo que contigo vivi.
Y a esto que le respondi:
"No puedes decir al corazon que deje de latir. No puedes decir a la mente que deje de pensar. No puedes decir a los pulmones que dejen de respirar. No puedes decir a tu alma que deje de amar. Y lo que me acabas de decir va a ser dificil de lograr."
Y a esto que le respondi:
"No puedes decir al corazon que deje de latir. No puedes decir a la mente que deje de pensar. No puedes decir a los pulmones que dejen de respirar. No puedes decir a tu alma que deje de amar. Y lo que me acabas de decir va a ser dificil de lograr."
Gracias a ellos
Porque sin ellos no seria yo. Porque sin ellos sinceramente no sabria que hacer. Me ayudan en todo: mis problemas, depresiones, recaídas, malos momentos, etc.
Me hacen reír con cosas insignificantes y les quiero muchisimo. Han pasado muchas cosas entre nosotros, buenas y malas. Hemos estado en todo juntos. Nos hemos apoyado los unos a los otros. Hemos pasado ratos inolvidables. Algún que otro bromance, shipeo o discusión, pero siempre con lof. Ellos sin duda alguna son mis mejores amigos. Se que un " Gracias" no va a valer para tantas horas que os he molestado, fastidiado y hartado, pero oye, seguimos aquí :).
Gracias por escucharme, apoyarme, aconsejarme, levantarme en mis caídas, enseñarme lecciones y haberme hecho mas fuerte. Recuerdo que de pequeña no tenia ningún amigo, y miro ahora y todo ha cambiado... Os tengo en mi vida y eso es lo mas importante. Nunca os muestro lo agradecida que estoy de que sigáis a mi lado, pero de verdad que os quiero. Gracias por abrirme los ojos. Gracias por sacarme de mi obsesión y gracias por ser vosotros, solo con eso me hacéis feliz.
Incluso sabiendo lo mal que estaba nunca os fuisteis de mi lado, y eso lo valoro mucho. Sois personas muy grandes, y valéis oro. Demasiado corto lo que dije de vosotros pero cualquier adjetivo o palabra no os llega ni a la suela del zapato. Muchisimas gracias por todo.
Simplemente... Gracias por salvarme la vida
Me hacen reír con cosas insignificantes y les quiero muchisimo. Han pasado muchas cosas entre nosotros, buenas y malas. Hemos estado en todo juntos. Nos hemos apoyado los unos a los otros. Hemos pasado ratos inolvidables. Algún que otro bromance, shipeo o discusión, pero siempre con lof. Ellos sin duda alguna son mis mejores amigos. Se que un " Gracias" no va a valer para tantas horas que os he molestado, fastidiado y hartado, pero oye, seguimos aquí :).
Gracias por escucharme, apoyarme, aconsejarme, levantarme en mis caídas, enseñarme lecciones y haberme hecho mas fuerte. Recuerdo que de pequeña no tenia ningún amigo, y miro ahora y todo ha cambiado... Os tengo en mi vida y eso es lo mas importante. Nunca os muestro lo agradecida que estoy de que sigáis a mi lado, pero de verdad que os quiero. Gracias por abrirme los ojos. Gracias por sacarme de mi obsesión y gracias por ser vosotros, solo con eso me hacéis feliz.
Incluso sabiendo lo mal que estaba nunca os fuisteis de mi lado, y eso lo valoro mucho. Sois personas muy grandes, y valéis oro. Demasiado corto lo que dije de vosotros pero cualquier adjetivo o palabra no os llega ni a la suela del zapato. Muchisimas gracias por todo.
Simplemente... Gracias por salvarme la vida
miércoles, 17 de junio de 2015
Cuando te das cuenta de que él realmente no era el hombre de tu vida
Con cada amor, aprendes más del amor.
Siempre nos han dicho que encontraremos “al indicado”. No sabemos cómo es encontrar “al indicado” y tampoco cómo se siente. Por eso, cuando sentimos que tras una larga búsqueda por fin nos hemos enamorado, automáticamente asumimos que ese podría ser “el hombre de nuestras vidas”. Y nos proyectamos, y hacemos planes, y, generalmente, nos cerramos a otras posibilidades, porque “ya lo hemos encontrado”, porque “nunca habíamos amado a alguien así”, “porque mientras más profundo sea el sentimiento, mayor es el amor”.

Es inevitable pensar así. Es inevitable no imaginar un futuro con esa persona que te ha hecho sentir lo que nadie más. Es inevitable cegarse durante el enamoramiento y creer que se puede vivir del amor. Sin embargo, las cosas se ponen complejas cuando las ideas que tenemos preconcebidas del amor, o las ideas del amor basadas en nuestras experiencias, empiezan a chocar con las de la otra persona.
Al principio no lo quieres ver. No quieres aceptar que eso tan perfecto simplemente no era tan perfecto como creías. No quieres aceptar que piensan diferente, muy diferente. Que tienen distintas percepciones no solo del amor, sino también de la vida. No quieres abrir los ojos y darte cuenta de que el amor no siempre es suficiente. Pero tienes que hacerlo, tarde o temprano. Y es difícil, especialmente cuando de las dos partes hay amor de por medio, pero la situación ya se escapa de sus manos. Y, eventualmente, sus caminos deben separarse.

Es algo doloroso. Es algo frustrante, es algo que no se puede explicar. Quizás
ahora no lo entiendes, pero sin duda hay cosas de las que te das cuenta
después de descubrir que él, el hombre que pensaste que sería el hombre de tu vida, simplemente no lo es.
Aprendes que el amor debiese tratarse de compatibilidad, pero así mismo de independencia.
En un principio solemos pensar que el necesitar a la otra persona sobre todas las cosas es amar. Y, por lo tanto, nuestra felicidad suele depender completamente de otro individuo y no de nosotros mismos, como debería ser. Claro está que en un amor sano y recíproco, por lo menos una parte de tu felicidad debe depender de la otra persona, pero no la felicidad completa.

Cuando nos damos cuenta de que ese que pensamos que sería el hombre de nuestras vidas no lo es, aprendemos a reservar parte de nosotros y de nuestras vidas, solo para nosotros. Aprendemos a tomar esas precauciones para construir relaciones más sanas y maduras. Aprendemos la importancia de la individualidad.
A la vez, te das cuenta de cuán profundo puede llegar a ser un amor. Creíste que nunca amarías como amaste a este último personaje, pero lo hiciste. Así que te das cuenta de que cada vez tu amor es más y más profundo, y que si ya amaste una vez así, podrás hacerlo de nuevo, y, quien sabe, quizás aún más.

Con cada amor, aprendes más del amor, más de ti misma, y de lo que el amor significa para ti. Entiendes que el amor depende más de ti que de cualquier otra persona. Te das cuenta que puedes amar a diferentes personas, por diferentes razones. Tu cegera va desapareciendo, y cada vez ves más claro, más nítido, más ancho, más grande, más lejos.
Tarde o temprano, cuando ” el indicado” no era finalmente “el indicado”, más te abres al amor. Y más preparada estarás para recibirlo.
Siempre nos han dicho que encontraremos “al indicado”. No sabemos cómo es encontrar “al indicado” y tampoco cómo se siente. Por eso, cuando sentimos que tras una larga búsqueda por fin nos hemos enamorado, automáticamente asumimos que ese podría ser “el hombre de nuestras vidas”. Y nos proyectamos, y hacemos planes, y, generalmente, nos cerramos a otras posibilidades, porque “ya lo hemos encontrado”, porque “nunca habíamos amado a alguien así”, “porque mientras más profundo sea el sentimiento, mayor es el amor”.
Es inevitable pensar así. Es inevitable no imaginar un futuro con esa persona que te ha hecho sentir lo que nadie más. Es inevitable cegarse durante el enamoramiento y creer que se puede vivir del amor. Sin embargo, las cosas se ponen complejas cuando las ideas que tenemos preconcebidas del amor, o las ideas del amor basadas en nuestras experiencias, empiezan a chocar con las de la otra persona.
Al principio no lo quieres ver. No quieres aceptar que eso tan perfecto simplemente no era tan perfecto como creías. No quieres aceptar que piensan diferente, muy diferente. Que tienen distintas percepciones no solo del amor, sino también de la vida. No quieres abrir los ojos y darte cuenta de que el amor no siempre es suficiente. Pero tienes que hacerlo, tarde o temprano. Y es difícil, especialmente cuando de las dos partes hay amor de por medio, pero la situación ya se escapa de sus manos. Y, eventualmente, sus caminos deben separarse.
En un principio solemos pensar que el necesitar a la otra persona sobre todas las cosas es amar. Y, por lo tanto, nuestra felicidad suele depender completamente de otro individuo y no de nosotros mismos, como debería ser. Claro está que en un amor sano y recíproco, por lo menos una parte de tu felicidad debe depender de la otra persona, pero no la felicidad completa.
Cuando nos damos cuenta de que ese que pensamos que sería el hombre de nuestras vidas no lo es, aprendemos a reservar parte de nosotros y de nuestras vidas, solo para nosotros. Aprendemos a tomar esas precauciones para construir relaciones más sanas y maduras. Aprendemos la importancia de la individualidad.
A la vez, te das cuenta de cuán profundo puede llegar a ser un amor. Creíste que nunca amarías como amaste a este último personaje, pero lo hiciste. Así que te das cuenta de que cada vez tu amor es más y más profundo, y que si ya amaste una vez así, podrás hacerlo de nuevo, y, quien sabe, quizás aún más.
Con cada amor, aprendes más del amor, más de ti misma, y de lo que el amor significa para ti. Entiendes que el amor depende más de ti que de cualquier otra persona. Te das cuenta que puedes amar a diferentes personas, por diferentes razones. Tu cegera va desapareciendo, y cada vez ves más claro, más nítido, más ancho, más grande, más lejos.
Tarde o temprano, cuando ” el indicado” no era finalmente “el indicado”, más te abres al amor. Y más preparada estarás para recibirlo.
Cabeza, corazón y tripa
“Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio.Contigo porque me matas, y sin ti porque me muero”.Antonio Machado.
Existen tres formas de querer: con la cabeza, con el corazón y con la tripa. En la cabeza, querer se llama preferir; en el corazón, amar; y en la tripa, desear. O quieres con las tres, o estás destinado al caos.
El amor es un juego de equipo. De equipo con la otra persona y de equipo contigo mismo. O mejor, es un juego de equilibrio(s). Aunque parezca mentira, uno puede querer tener algo a largo plazo con una persona, enamorarse de otra y querer acostarse con otra. Piensa en una mudanza en la que cada uno da una orden diferente de cómo colocar o montar el mueble. ¿A quién obedeces? El desastre y la discusión están asegurados. Una apuesta de éxito necesita unanimidad. Solo cuando cabeza, corazón y tripa se alinean, la persona elegida es deseada y el amor disfrutado. Ni basta con desear, ni es suficiente con preferir, ni vale con amar.
Cabeza, corazón y tripa son tres fuerzas que deben tirar juntas. Tres cuerdas que tan fácilmente se hacen un lío como hilan una hermosa trenza. Es la alineación la que nos mantiene de pie.
¿Te ha pasado alguna vez que Te ha pasado. Una persona te atrae tantísimo que, cada vez que la tienes cerca, Troya es a su lado una hoguera y las obras de Shakespeare, bien parecen literatura infantil. Te arde la tripa y te tiembla el cuerpo, pero la cabeza te dice que no es lo que buscas. O, al revés. Es una persona diez, ideal, cariñosa, valiente, atenta, buena, divertida… pero no te enciende. La cabeza diciendo sí, y tu tripa diciendo no.
Enamorarse es tripa; amar es corazón. Es importante no confundirlo, pues para amar hay que amarse, y enamorarse de una persona destructiva es lo contrario de amarse a uno mismo. La gran mayoría de dilemas y sufrimientos amorosos deriva de no enamorarse de lo que amas. Uno puede prendarse hasta del diablo, porque te enamoras de lo que te atrae, no de lo que mereces o de quien se lo merece. La tripa no entiende de justicia. Hay auténticos idiotas con bellísimas personas coladitas por ellos. ¿Alguien puede entenderlo? Es el ejemplo más evidente del poder que la tripa ejerce sobre la cabeza. Hace falta mucha madurez para no sucumbir.
“No estés con una persona porque sin ella mueres, sino porque con ella vives”.
Uno no elige de quién se enamora, pero sí elige a quién se expone. Dicho de otra forma: si no te rodeas de capullos, no te enamoras de capullos[1]. Si no les concedes tres cafés (cuando aún puedes), no desearás el cuarto. Igualmente, si ya te has enamorado, tú eliges si te dejas llevar o te impones. Para eso sirve la cabeza, para elegir, para recordarte que te enamores de lo que amas. ¿Cuál era tu ideal antes de conoceros? ¿Qué esperas de uncompañero de viaje? ¿Qué querías? ¿Es esto? Enamórate de lo que amas y lo que solo te atraiga,fóllatelo (o lo que quieras, pero no confundas). Tener claro lo que queremos es el mejor filtro para evitar impostores. Lo que quieres o nada. Merécete y no te conformes.
Si pierdes el control, te pierdes a ti mismo; pero si te aferras demasiado al control, pierdes el disfrute. Equilibrio. La cabeza no puede ser nunca un freno, sino guía que nos diga cuándo controlar la pasión y cuándo liberarla; cuándo sacarla a bailar y cuándo dejarse llevar. El amor es un regalo demasiado grande como para no disfrutarlo. No estés con una persona porque sin ella mueres, sino porque con ella vives, entendiendo siempre que en el amor no todo son alegrías, que hay subidas y bajadas y que lo contrario a una vida amada es una vida plana.
Y el corazón, ¿qué dice de todo esto? Al corazón muchas veces no le da tiempo a opinar. Es ese jugador de banquillo que, aún caliente, no le da tiempo a saltar. El corazón necesita minutos. El corazón es apego, vínculo, hábito, conexión, y requiere un tiempo que muchas veces no se le da.
“No son buenos tiempos para el corazón”, se dice. Y no se dice por decir. Estamos en una época que bien podría titularse Te deseo mucho, te consigo rápido y te dejo de querer pronto. El corazón no entiende por qué es al último que preguntamos, o por qué si se traza un eje imaginario en nuestro cuerpo, él queda a un lado cuando la tripa y la cabeza quedan centrados; no entiende por qué no recordamos que la palabra cordura nació de él (cor- es corazón en latín), o que en inglés saber algo de memoria es sabido by heart ¿Es siempre más cuerdo el que más piensa? ¿Al lado de la razón no está la co-razón?
“Tener claro lo que queremos es el mejor filtro para evitar impostores. Lo que quieres o nada”.
El corazón es tan necesario como la cabeza, pues el único antídoto contra el miedo es el amor, y tanto amor como miedo coinciden en algo: no atienden a razones. Cualquier argumento racional, ni mitiga el miedo, ni espanta al amor. Por muchas veces que te digan que el avión es el medio más seguro, no se pierde el miedo a volar. Hay que aprender a vivir con el miedo de la misma forma que hay que aprender a vivir amando. Es el corazón quien te permite seguir a pesar del susto. No hay vuelo largo (que merezca la pena) sin turbulencias.
Una última vez: cabeza, corazón y tripa, por muchas diferencias que presenten y por muchas discusiones, deben darse unidos para resolver los indicios que apuntan a que el amor es casi siempre paradoja. Es ese “hielo abrasador” o ese “fuego helado” que decía Quevedo, o ese “ni contigo, ni sin ti” de Sabina o de Machado. Es necesario que recordemos que en el amor, como en todo, no puede haber siervos: ni la razón de la pasión, ni el corazón de la cordura. Todos son necesarios: la cabeza para sugerir paciencia cuando la tripa diga “quiero, quiero y quiero”; el corazón para decirle a la razón “tranquila” cuando con las dudas le invada el miedo; y la tripa para encenderle una vela al corazón cuando se crea apagado.
YO TAMBIÉN
Yo también hay noches que me acuesto sin desmaquillar. Yo también hay días que no me levantaría. Yo también hay días que no desayuno bien, que me echo el café con leche por encima y salgo corriendo. Que mis desayunos no son ni continentales ni franceses, ni siquiera medio decentes. Y también he dicho que iba de camino cuando aún estaba por arreglar. Y también, es verdad, salgo sin peinar.
Yo también me tuerzo los tobillos andando con tacones. Y emito un “uy”, como si el “uy” salvara el ridículo, como si no lo incrementara. Yo también he salido por la noche en zapatillas y jersey (y no me he muerto). Yo también he salido de casa con una pinza plateada (de las de sujetar los rulos) en el pelo. También he saludado a alguien que no me ha visto (y no he recordado el nombre de quien me ha saludado). También me he manchado el culo sentándome en un banco pintado. También se me ha roto la mochila desparramando libros en mitad de la calle. También me he manchado de chorritón de chocolate un vestido nuevo blanco. Yo también he querido vestirme de novia y ser la fallera mayor.
Yo también me dejo libros sin terminar y sigo series de las que no veo el final.
Y también he dicho “me quedo a vivir aquí” entrando en Zara Home.
Yo también veía “El diario de Patricia”. Yo también he bailado en unas escaleras “Wannabe” de las Spice Girls. Y también me ha dado miedo entrar a la comba, por si la comba me atacaba. Y también me ha dado más miedo saltar el potro que ir al ginecólogo.
Yo también lloré hasta la deshidratación viendo Titanic. Y sí, también quise ser Baby en Dirty Dancing y saltar sobre Patrick. También quise un novio como el de “Un paseo para recordar”. Porque siempre se quieren ese tipo de chicos, los malotes que acaban siendo santos que cumplen deseos. Esos que te consiguen estar en dos sitios a la vez.
Y también he querido hacerme un tatuaje y me he rajado. Y también me he quedado con las ganas de irme de Erasmus. Y también he dicho “de este año no pasa” y han pasado dos milenios. Y también he dicho “este sábado…fiesta!”, y he terminado con pijama en el sofá y vino casero.
Yo también digo palabrotas.
Está feo, lo sé.
Yo también me he dejado cosas “olvidadas” adrede para poder volver a ver a alguien. Y hasta he fingido una avería de coche (y lo sabes). Y también he buscado amores platónicos en Facebook. Y también he dependido de un móvil. Y también he sentido el pesar de quien siempre espera un tren que no llega.
Y sí. Yo también he cantado llorando mientras conducía. Y también he hecho locuras con rollos de papel higiénico danzando por las ventanillas. Y también he ligado con tíos peculiares a los que he dedicado post. Ya sabéis, el ex de la Berrocal, el del perro de tres patas, el de las jotas aragonesas, el que se creía que me llamaba Marta y tal. Y también he salido mil veces por los mismos sitios y siempre he dicho “esto va de capa caída, ya no vuelvo”. Y he vuelto.Mil veces más.
Y sí. También está mal, pero yo también me he hecho la loca y he dicho “Uy, si no te había visto!”.
Yo también he visto mi vida en diapositivas pasando por debajo de un andamio. Y también he hecho la de la llamada falsa, cuando he andado cagada por la calle pensando que el psicópata de turno me pisaba los talones.
Y también, a veces, he sentido que las cosas no tenían sentido, y a los cinco minutos lo contrario. Y también he pensado de más, de mucho más. Y también he sentido de más, de mucho más. Y también he dicho un “hasta aquí” que ha durado hasta allí. Y un “nunca más” que ha sido un “venga, probemos una vez más…”.
Y yo también me he equivocado.
Y también volvería a equivocarme.
Y sí, aunque veas que me pongo canotiers y que me hacen fotos, no soy mucho más distinta que tú. No soy más que una chica que cobra camisetas, una chica que escribe, una chica que no sabe posar sin sonreír.
Y también me da miedo la oscuridad y el desamor. Y el fracaso. Y la desesperanza. Y también me hago un ovillo cuando todo huele a tormenta.
Pero también lucho, como tú, cada día, por ser feliz, por no perder ilusiones, por ponerme sombreros y no sentirme rara por la calle. Porque me dé igual que miren o que hablen.
Yo también lucho por no dejar de luchar, por no dejar de sentir, por no dejar de escribir.
Y por lograr mirar al espejo y poder decir: “Bien por ti, pequeña”.
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